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Faraday. El lado oscuro de Internet

Faraday. El lado oscuro de Internet

Fernando Ramírez Baeza destapa el lado oscuro de Internet en Faraday, que llega el sábado al Teatro Cervantes

Pedro Miguel Martínez, José Manuel Seda, Alicia Montesquiu, Javier Collado y Ana Turpin protagonizan un cinematográfico ‘thriller’ sobre nuestra pérdida de privacidad en la red.

“Lo que hacemos está en Facebook, lo que decimos está en Twitter y lo que pensamos está en Google”. El dramaturgo y ejecutivo malagueño Fernando Ramírez Baeza presenta este sábado otro de sus ‘thrillers’ en el Teatro Cervantes, una puesta en escena con mucho de lenguaje cinematográfico que destapa el lado oscuro de Internet y que aborda en suma cómo el poder invade nuestra intimidad. Pedro Miguel Martínez, José Manuel Seda, Alicia Montesquiu, Javier Collado y Ana Turpin, dirigidos por Paco Macià, protagonizan Faraday (El buscador), una pieza teatral en la que los juegos audiovisuales, las pantallas y una trepidante acción de aire futurista en la que intervienen la mayor empresa tecnológica del mundo y la CIA logran aportar un inusitado clima de tensión. Subprime Teatro y la compañía de Salvador Collado (Euroscena) producen Faraday, una “obra inquietante” según su director que se representa en Málaga el sábado 10 en una única función (20.00 horas, de 11 a 32 euros).

Fernando Ramírez Baeza compagina su pasión por el teatro con su trabajo como directivo de una inmobiliaria que cotiza en el IBEX 35 (Merlin Properties), por lo que sabe de buena mano qué se cuece en los recovecos del poder económico. En octubre de 2012 estrenó en el Teatro Cervantes Subprime, un ‘thriller’ trepidante que también combinaba los lenguajes teatral, cinematográfico y televisivo para mostrarnos las entrañas corruptas y miserables de la economía y la política de las altas esferas, y en Faraday vuelve a hundir su bisturí en la trastienda del poder, en este caso indagando en “el tráfico que de nuestra vida privada hacen los gigantes de Internet”. “Llevamos más de quince años –certifica Ramírez Baeza- preguntando a diario a Google. Nos conocen mejor que nuestras parejas. Conocen a los hijos mejor que los padres. Nos conocen, quizás, más y mejor que nosotros mismos”.

Faraday. El lado oscuro de Internet

Una trama ambientada en Nueva York que pivota sobre un buscador más potente que Google, el hiperrealismo de su puesta en escena y la profundidad de un texto que según la crítica “abre nuestros ojos para que veamos que el nuevo modelo global es el del mercado capitalista y el del control totalitario de los individuos” son algunos de los atractivos de Faraday. La escenografía de Ángel Haro, la iluminación de José Manuel Guerra, la realización audiovisual de Bamstudio y un espacio sonoro construido por Miguel Simancas contribuyen a dar aire fílmico a una puesta en escena llena de sorpresas. Como asegura su autor, “el público sale del teatro como si hubiera visto una película”.

Faraday se estrenó en otoño de 2017 en Valdepeñas, Ciudad Real, y está actualmente en una gira que pasará próximamente por el Teatro Galileo de Madrid.

Faraday. El lado oscuro de Internet

Sinopsis

Nueva York. Un invento con un origen oscuro que ataca de forma directa la privacidad de las personas en Internet, perseguido por la mayor empresa tecnológica del mundo y por la CIA, está escondido en una central de seguridad en la que Linda y Matt trabajan vigilando la ciudad. La que parece ser una jornada más acaba convirtiéndose en una frenética noche en la que sus vidas correrán peligro.

La obra según su autor:

“La jaula de Faraday es un efecto electrofísico descrito por el científico inglés del mismo nombre que hace que las ondas electromagnéticas no pasen. Se ha puesto de moda porque sirve para evitar que funcionen los teléfonos móviles o las señales digitales.

Faraday nos adentra, en clave de thriller, en el lado oscuro de Internet. Internet es el mayor progreso tecnológico de nuestra generación, y ha revolucionado la forma en la que el ciudadano se comunica. Los móviles, las tabletas, los whatsapps, las redes sociales, el estar permanentemente “conectados” ha producido aislamiento en muchos individuos. No se habla en el parque, las cafeterías o en el metro. Cientos y cientos de personas conectados a la pantalla y desconectados entre sí. Ya no existen los tiempos muertos, la contemplación sin más ha fallecido, romper el hielo es un deporte que nadie practica. Esta nueva forma de comunicarse, además, está muy alejada de la verdad: las apariencias toman forma y los “perfiles” acaban edulcorando el verdadero yo de cada cual. Pero esto no es lo peor.

Faraday. El lado oscuro de Internet

Lo peor es el tráfico que de nuestra vida privada hacen los gigantes de Internet, que con la complicidad de todos, verdugos y víctimas al unísono, son capaces de conocer nuestras virtudes y defectos a golpe de tres o cuatro clicks en un Gran Hermano global sin precedentes. Esto es algo que intuíamos pero hemos mirado hacia otro lado hasta que un agente de la NSA, Edward Snowden, destapó cómo los gobiernos, en una nueva muestra de su poder absoluto, nos controlan al milímetro por virtud de los rastros que vamos dejando en la red. Inquietante porque nosotros damos esa información tan gustosamente y terrible porque solo unos pocos tienen acceso a la misma y trafican y mercadean con ella.

Lo que hacemos está en Facebook, lo que decimos está en Twitter, y lo que pensamos está en Google. Google es el mayor conocedor de la verdad de este mundo porque cada vez que buscamos, cada vez que entramos en esa caja de apariencia inocente y damos a ‘buscar’ estamos preguntando. Y la mentira habita en las respuestas pero uno no pregunta de mentira, pregunta de verdad. Llevamos más de quince años preguntando a diario a Google. Nos conocen mejor que nuestras parejas. Conocen a los hijos mejor que los padres. Nos conocen, quizás, más y mejor que nosotros mismos.

Pero ¿qué pasaría si esa información privada estuviese al alcance de todo el mundo? ¿Qué ocurriría si todos esos datos de nuestro vecino con el que no cruzamos palabra en el ascensor (mirando a la pantalla del móvil, por supuesto) nos fuesen accesibles a todos a golpe de click? ¿Cómo miraríamos a ese vecino después de saber su vida entera, su lado oscuro, sus defectos? ¿Cómo cambiaría nuestra vida si todo fuese un Gran Hermano al cubo y la vida privada dejara de existir?

De esta realidad aparentemente ajena y lejana nos habla Faraday. Pero no es ajena cuándo la curiosidad forma parte de nuestro ser e Internet es una barra libre para la curiosidad. Tampoco tan lejana. A propósito del escándalo que Snowden destapó, dijo algo que parece ciencia ficción: “Un niño nacido hoy no sabrá lo que es tener un pensamiento no grabado”. ¿Y si no fuera ciencia-ficción?”

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